Un año. Un año ha pasado desde que se inicio una nueva etapa y como toda nueva etapa. A ésta, a ésta también le llego su conclusión.
Si bien no fue el mejor año de mi vida, fue definitivamente el que mas ha marcado mi carrera, mi perspectiva de la vida y por el cual se ha redefinido las metas que pretendo alcanzar para mi futuro.
Me costo trabajo admitir que los humanos somos bajos instintos, una maraña de sensaciones y necesidades individualizadas cuya satisfacción es imperiosa incluso a expensas de aquellos quienes nada tienen que ver. Y me cuesta mas trabajo admitir que el sistema me esta volviendo precisamente eso, una persona individualista.
Descubrí con mas tristeza que asombro que la profesión del médico, que si bien, es ya de por sí difícil por aquello de tener que lidear con la vidas ajenas, se torna en una complicación emocional pues eventualmente todo por servir se acaba y terminas dividiendo tu pensamiento en dos: en la necesidad individual de satisfacción y aquella buena voluntad, esa que tiene que ver con los actos humanitarios, (-da sin esperar nada a cambio-, dicen -te hecho la mano-, y que ahora complemento como – dame sin esperar q te de algo a cambio, eso incluye las gracias- y –te doy la mano y te jalo hasta el brazo-) y que poco a poco se va agotando predominando entonces la primera mitad y transformando tu sueño de juventud ese de ayudar y cambiar al mundo por aquel de obtener lo necesario para vivir de una manera decente sin necesidad de sufrir abusos injustificados en el camino.
Supongo que todo esto es producto de la explotación que un país tercer mundista, económica y políticamente inestable, exige a cambio de un titulo. Promoviendo la corrupción, y no me refiero a la corrupción física, sino a la corrupción mental, que hasta ahora caigo en cuenta que sufrimos todos en el proceso de madurez profesional, una simple falta de cultura a lo bestia. No abuses sino quieres ser abusado.
De manera mas personal, sigo siendo esa niña que juega a ser el adulto. La que encontró refugio con desconocidos transformándolos en familia y a quienes se les agradece un año de manutención, paciencia y alojo. De ellos, que son para mi la ultima esperanza del reflejo de la buena voluntad y por quienes sigo creyendo que puedo ser buena y soportar lo que venga por delante, y porque no?, también lo que deje por detras. Mis amigos, mi familia. Pero no todo lo que brilla es oro y hoy precisamente uno de ellos me dio otra lección, la ultima de esta etapa. Y es que la gente no cambia, aunque los quieras mucho, aunque los adores en adobo o los ames con chocolate. No cambian y no cambio aunque me esforcé de mas, no existio la luz necesaria.
Para finalizar esta entrada meditabunda quisiera externar como es que me resulta gracioso que al final y solo al final me doy cuenta que el lugar que tanto detesto es sin lugar a dudas lo mas cercano a lo que se puede definir como “hogar”, sin ánimos de ofender para todos los que me ofrecieron su casa en este tiempo, puesto que no siempre el lugar que llamas hogar es que el resguarda a tu familia. Pero si era el único espacio personal que me quedaba. Pues bueno, manos a la obra, el capitulo que sigue, estoy lista.
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